La pandemia de 2020 fue caldo de cultivo para multiplicidad de experimentaciones grupales entre artistas multidisciplinarios, creadores digitales, ilustradores, fotógrafos y escritores. Durante aquel ya lejano 2020 todos estuvimos encerrados, agazapados y tremebundos, apostillados por la latencia de una enfermedad que no daba tregua ni concesiones; y así y todo, la creación explotó, embelleció nuestras almas en aquellos momentos tan oscuros, y liberó nuestras ganas de componer a partir de lo dado, imaginado y vivido. Fue durante ese contexto de zozobra e indefinición que el libro de arte y poesía asémica Whistle salió a la palestra y jugó a tener un nicho de retención donde mantenerse.
Whistle es creación de los escritores, artistas plásticos y editores Kristine Snodgrass y De Villo Sloan. El libro es un cruce entre la sensación de amenazante latencia y peligro invisible que una pandemia de Covid generó como disparador creativo y catarsis artística; y la necesidad imperiosa de salir del claustro de automatismo autoimpuesto y el derribo cáustico de las limitaciones creativas; todo ello resuelto apelando a la creatividad e intercambio digital del proceso de escritura, ilustración y armado de este proyecto colaborativo. Fue así como Snodgrass y Sloan, de manera virtual y con la presión de que el proyecto no lograse una masa crítica para cuajar en lo narrativo, intercambiaron, mezclaron, dispararon y trocaron formas, bocetos, garabatos, planos, dibujos y collages y de todo esta alquimia polisémica nació Whistle.
Queridos lectores: si llegaron hasta acá y todavía no adivinaron o intuyeron qué es la escritura asémica, pues los pongo en autos. Básicamente, en los textos asémicos no se puede leer lo que está escrito; el texto plasmado allí suele tener forma de garabato, alfabeto inconexo y texto amorfo sin sentido. Si bien es cierto que en la escritura asémica la semántica no existe, ya que no hay palabras que podamos reconocer como formadoras de sentido y que tengan significado, sus líneas, sinuosidades y composiciones cobran dimensión simbólica al hallarse dentro de una pieza compositiva artística mayor en el que la estructura, aspecto y siluetas en trazo forman y encuadran la composición. Es por eso que muchos teóricos consideran que la escritura asémica está comprendida dentro de lo que hoy se llama arte asémico. Y es precisamente allí, me parece, que es donde puedo ubicar este libro: confluencia artística entre dos intelectuales que piensan la expresión asémica como aglutinante y dínamo creativo.
Creo, sin embargo, que escribir sin palabras, o escribir de manera que no sea legible, no significa que no tenga sentido. Ese es un punto en el que quiero detenerme, porque todo aquello realizado a partir de una expresión comunicativa y artística tiene significado e interpretación, aunque no sean evidentes ni notorias. Y aquí entran en juego las competencias culturales de los que contemplan, disfrutan o tienen ante sí una obra de escritura asémica. Estoy segura que los artistas Kristine Snodgrass y De Villo Sloan han tenido en cuenta todo esto para conformar esta obra colaborativa, de integración y experimentación.



.jpeg)














.jpeg)
.jpeg)