sábado, 18 de julio de 2026

Whistle, Kristine Snodgrass y De Villo Sloan, Asemic Front Series, 2020

La pandemia de 2020 fue caldo de cultivo para multiplicidad de experimentaciones grupales entre artistas multidisciplinarios, creadores digitales, ilustradores, fotógrafos y escritores. Durante aquel ya lejano 2020 todos estuvimos encerrados, agazapados y tremebundos, apostillados por la latencia de una enfermedad que no daba tregua ni concesiones; y así y todo, la creación explotó, embelleció nuestras almas en aquellos momentos tan oscuros, y liberó nuestras ganas de componer a partir de lo dado, imaginado y vivido. Fue durante ese contexto de zozobra e indefinición que el libro de arte y poesía asémica Whistle salió a la palestra y jugó a tener un nicho de retención donde mantenerse. 

Whistle es creación de los escritores, artistas plásticos y editores Kristine Snodgrass y De Villo Sloan. El libro es un cruce entre la sensación de amenazante latencia y peligro invisible que una pandemia de Covid generó como disparador creativo y catarsis artística; y la necesidad imperiosa de salir del claustro de automatismo autoimpuesto y el derribo cáustico de las limitaciones creativas; todo ello resuelto apelando a la creatividad e intercambio digital del proceso de escritura, ilustración y armado de este proyecto colaborativo. Fue así como Snodgrass y Sloan, de manera virtual y con la presión de que el proyecto no lograse una masa crítica para cuajar en lo narrativo, intercambiaron, mezclaron, dispararon y trocaron formas, bocetos, garabatos, planos, dibujos y collages y de todo esta alquimia polisémica nació Whistle.

Queridos lectores: si llegaron hasta acá y todavía no adivinaron o intuyeron qué es la escritura asémica, pues los pongo en autos. Básicamente, en los textos asémicos no se puede leer lo que está escrito; el texto plasmado allí suele tener forma de garabato, alfabeto inconexo y texto amorfo sin sentido. Si bien es cierto que en la escritura asémica la semántica no existe, ya que no hay palabras que podamos reconocer como formadoras de sentido y que tengan significado, sus líneas, sinuosidades y composiciones cobran dimensión simbólica al hallarse dentro de una pieza compositiva artística mayor en el que la estructura, aspecto y siluetas en trazo forman y encuadran la composición. Es por eso que muchos teóricos consideran que la escritura asémica está comprendida dentro de lo que hoy se llama arte asémico. Y es precisamente allí, me parece, que es donde puedo ubicar este libro: confluencia artística entre dos intelectuales que piensan la expresión asémica como aglutinante y dínamo creativo. 

Creo, sin embargo, que escribir sin palabras, o escribir de manera que no sea legible, no significa que no tenga sentido. Ese es un punto en el que quiero detenerme, porque todo aquello realizado a partir de una expresión comunicativa y artística tiene significado e interpretación, aunque no sean evidentes ni notorias. Y aquí entran en juego las competencias culturales de los que contemplan, disfrutan o tienen ante sí una obra de escritura asémica. Estoy segura que los artistas Kristine Snodgrass y De Villo Sloan han tenido en cuenta todo esto para conformar esta obra colaborativa, de integración y experimentación.









The Frog Princess, libro de cuentos anónimo ilustrado por Ivan Bilibin e impreso en talleres Goznak de Moscú en 1974

"La Princesa Rana" es un cuento de hadas que forma parte del folclore eslavo en lo que hoy es Rusia. El cuento tiene múltiples versiones a lo largo y ancho de Europa, y con el correr de los siglos ha ido modificando su mensaje, moraleja y paradoja. En el caso de este libro, que data de 1974 y que fue impreso en los ya legendarios talleres Goznak, la narración da cuenta de un rey que propone a sus tres hijos lanzar una flecha en diferentes direcciones para encontrar a sus futuras esposas. Hasta ahí, todo bien. El problema es que el menor de los hermanos tiró la flecha y la agarró una rana. Rana que no era una rana sino una princesa víctima de un maleficio. Y hasta aquí les cuento, pues lo que pretendo es que consigan el texto en papel, pdf u online, y lo lean y disfruten.

La razón por la cual me ha parecido importante escribir en este blog sobre esta versión soviética de este cuento eslavo, con ilustraciones del extraordinario dibujante ruso Ivan Bilibin (1876-1942) y traducción de Bernard Isaacs, es que fue publicado en 1974 y en inglés, es decir, en plena guerra fría, y con autorización del Ministerio de Finanzas de la URSS, todo esto claramente detallado en su interior. ¿No es raro? Sí, es raro. Y es raro por varias cosas: 

- La primera: los talleres Goznak (que existen desde 1917) son conocidos y reconocidos a nivel mundial por la calidad de impresión en billetes, monedas, pasaportes, documentación oficial de estado y estampillas tanto en la era soviética como la rusa; también imprimen para otros países. Dicho lo cual, es inusual pensar que esta imprenta haya dedicado tiempo a imprimir un cuento para niños en papel de altísima calidad, y en inglés.

- La segunda: el traductor, a los efectos de su rastreo y biografía, no existe en la era digital. ¿Fue un alias, ocultó su identidad...?

- La tercera: ¿No les parece extraño que en plena era comunista el Ministerio de Finanzas de la extinta URSS haya publicado un cuento de hadas en el que sus protagonistas son zares, príncipes y seres mitológicos? ¿No es que eran ateos, odiaban a la realeza, y los mitos y leyendas eran contrarias a las ideas de la revolución?

Si alguno de ustedes puede ayudar a develar el misterio, pues lo deja escrito en la casilla de comentarios. Desde ya, gracias.